Y él respondió:
-Jajaja… ¿Creías realmente que tenías alguna posibilidad? Olvidas que tú eres tan marioneta como todos los demás. Y que cuando tú rompes una cuerda yo controlo todas las demás. Sois todos igual de esclavos y además, sois tantos y tan convencidos, que cuando uno pega un grito el resto le da la espalda.
O remas en la misma dirección o no compartes camaradería. Y quien no es un camarada, símplemente, no es nada.
- No puede ser verdad. Me has enloquecido y además me has dejado sin disfraz atractivo. Me has convertido en un monstruo. Si remo en la misma dirección, si me ato a tus cadenas, no seré otra cosa que el eslabón más débil.
- Alguien tiene que hacer de contrapeso a los fuertes. No hay bien sin mal. No hay belleza sin fealdad. Luz sin oscuridad. Ruido sin silencio. Ricos sin pobres. Inteligencia sin estupidez. Locura sin cordura. Fuertes sin débiles.
- Así que era cierto… Soy un peón más que ha de ser sacrificado. Un simple peón, que quizás en toda la partida nunca se mueva de su casilla. Que símplemente espera ser comido por alguna pieza importante, o por el tiempo.
- Olvidas una cosa.
- ¿Qué?
- Un peón puede ser reina. Siempre he dejado una puerta abierta, para todos, incluso para ti. He de reconocer que no es fácil alcanzarla. Y si no te mueves ahora, nunca lo lograrás. El borde del tablero es un lugar lejano para un peón. Pero allí, él puede convertirse en algo digno si realmente quiere. Pero, no lo olvides, sólo podrás conseguirlo si sigues mis reglas y sólo llegan los peones valientes. De otra forma, acabarás muriendo en tu casilla.

