Estaba hoy escribiendo unos textos para clase (1,2,3) y me he topado con una duda habitual del que escribe en una región bilingüe de España. ¿Debo utilizar el término castellano o español? La duda surge porque el castellano no es la lengua única de toda España y por tanto ¿hasta qué punto resulta respetuoso el término español? Además, algunos residentes españoles no se sienten de ningún modo identificados con esta lengua. En cualquier caso, la recomendación del Diccionario Panhispánico de Dudas me parece razonable:
Español. Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América, y que también se habla como propia en otras partes del mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada. El término español resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy cerca de cuatrocientos millones de personas. Asimismo, es la denominación que se utiliza internacionalmente (Spanish, espagnol, Spanisch, spagnolo, etc.). Aun siendo también sinónimo de español, resulta preferible reservar el término castellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región. En España, se usa asimismo el nombre castellano cuando se alude a la lengua común del Estado en relación con las otras lenguas cooficiales en sus respectivos territorios autónomos, como el catalán, el gallego o el vasco.
En España, cada vez es más habitual ver algunos de nuestros vecinos portando velos islámicos (o hiyabs). Según la ciudad o barrio donde se viva, es algo muy cotidiano. Para la mayoría de los ciudadanos españoles previamente establecidos, el Islam es algo novedoso y, por ende, extraño. Y a menudo lo desconocido causa temor (fundado o no). Así que resulta inevitable que esto acabe canalizándose políticamente de alguna forma. Por ejemplo, en Cataluña, ha surgido un partido llamado Plataforma per Catalunya (PxC) que tiene, al parecer, posibilidades de entrar en el Parlament en las próximas elecciones catalanas. Este partido tiene entre sus prioridades la lucha contra la inmigración musulmana. De su programa:
5.2- PxC no se opone a la inmigración, pero sí a la instalación de inmigrantes musulmanes en nuestro país, fenómeno que puede suponer a largo plazo una clara amenaza para nuestra cultura, ya que entendemos que el Islam y en concreto la sharia (ley islámica), comporta elementos ideológicos de rechazo a los Derechos Humanos y, por consiguiente, no podemos tolerar que esta forma reaccionaria de religión y política adquiera preponderancia en nuestra tierra.
5.7- PxC fomentará la repatriación de la población islámica y a tal efecto propondrá las correspondientes reformas legales y constitucionales para retirar la nacionalidad y reducir la presencia islámica en nuestra tierra hasta niveles que el pueblo catalán considere tolerables.
El partido, que tiene cuatro regidores en el Ayuntamiento de Vic, fue uno de los impulsores de una propuesta -frustrada pero secundada por el alcalde- para impedir en la ciudad el empadronamiento de residentes sin papeles. Lo que les impediría el uso de servicios sociales tales como la sanidad o la educación pública.
En este vídeo, el líder de PxC, Josep Anglada dice que “invita a los musulmanes a que se vayan de Europa“.
La corrección política tiende a menudo en estos casos a intentar acallar las voces críticas que puedan agitar el orden social. Sin embargo, según una encuesta de El Periódico de Catalunya, el recelo ciudadano hacia la inmigración es, al parecer, mayoritario. Y sin ir más lejos, legalmente, una parte de la inmigración ya se trata de forma discriminatoria respecto a los ciudadanos autóctonos. Según la Ley de Extranjería, es una infracción grave “encontrarse irregularmente en territorio español”. Y el castigo es la multa o la expulsión de España de estas personas. Además, antes de ser expulsada, la ley contempla que se les pueda privar de su libertad en unas especies de cárceles llamadas Centros de Internamiento, donde pueden estar -según la ley- hasta 60 días, unos dos meses. Las condiciones de estos centros no son demasiado buenas según denuncian algunas personas.
La diferencia fundamental entre Anglada y la Ley de Extranjería es la distinción legal que se hace, más allá de inmigrante europeo y no europeo, entre inmigrante musulmán y no musulmán. Es decir, que mientras la ley vigente trata de forma discriminatoria a unas personas de un determinado origen por razones, en principio, económicas, partidos como el de Anglada discriminan por razones de tipo más cultural, tal y como indica el propio programa.
5.4- PxC fijará las cuotas de procedencia ateniéndose a criterios de proximidad cultural, no geográfica, pero en cualquier caso reducirá el volumen global del flujo [...].
5.3- PxC propone, en cualquier caso, una alternativa a la actual política de inmigración que fije cuotas de procedencia y reduzca a cero el contingente islámico. PxC no permitirá en ningún caso una afluencia incontrolada de extranjeros mientras tengamos la posibilidad de cubrir las necesidades con ciudadanos autóctonos, comunitarios europeos y de los países del este, o en cualquier caso de aquellos de América Latina con los cuales hemos tenido relaciones históricas y a los que hemos aportado nuestra cultura, tradiciones y principios morales cristianos.
3.- Los inmigrantes, para obtener los papeles, deberán superar un examen de conocimientos de la cultura y costumbres catalanas así como demostrar conocimientos del idioma de nuestro país para poder obtener los necesarios permisos para su estancia. Antes de pisar tierra catalana habrán de conocer nuestra lengua, costumbres, cultura y principios legales básicos del estado de derecho. Los aspirantes a entrar habrán de seguir este curso y pasar las pruebas en origen.
5.5- Los inmigrantes tienen sus derechos y deberes, pero nunca disfrutarán de más privilegios que el resto de ciudadanos, para no incurrir en la discriminación de los ciudadanos autóctonos. Los inmigrantes se han de adaptar a nuestro modelo de sociedad y no nosotros al suyo. Haremos cumplir las leyes de nuestro país a los inmigrantes, igual, ni más ni menos, que a cualquier otro ciudadano.
Uno de los pilares fundamentales en la integración parcial es el de la lengua. En materia lingüística tampoco son nuevas las leyes que intentan defender lenguas autóctonas frente a movimientos migratorios. Sin ir más lejos, en 1998, con CiU en el Gobierno catalán, se aprobó la aún vigente Ley de Política Lingüística, que obliga a -entre otras cosas- escribir los rótulos de las tiendas en, al menos, catalán, la lengua propia de Cataluña según establece esta misma ley así como el Estatut de 1979. Por lo que podría considerarse un principio de discriminación cultural, aunque muy distante de las tésis defendidas por Anglada. Ya que en el caso de Plataforma se discrimina irreversiblemente por pertenecer a un colectivo, en este caso el musulmán. Y el conocimiento o uso de una lengua es accesible a cualquier persona, independientemente del colectivo al que pertenezca.
Entendemos que el Islam y en concreto la sharia (ley islámica), comporta elementos ideológicos de rechazo a los Derechos Humanos.
Pero resulta evidente que crear una ley específica para la sharia es innecesario, ya que la violación de derechos humanos por parte de cualquier residende español atenta contra la ley fundamental, la Constitución de 1978. Ley que debe ser respetada por todos sin distinción. Por tanto, determinadas prácticas ya están condenadas por la ley y crear leyes específicas estigmatizaría a un colectivo que alberga diferentes sensibilidades y formas de entender la religión.
Podría parecer que el antisemitismo de ayer se ha convertido en la islamofobia de hoy, lo que podría hacer temer una reedición de la noche de los cristales rotos. Sea o no adecuada la comparación, la realidad es que el Islam, o la forma en la que algunas personas lo practican, produce algunas fricciones en la integración mutua entre musulmanes y no musulmanes. No se puede obviar el machismo existente en algunas sociedades musulmanas. Y de forma más general, en Internet son conocidas, por ejemplo, las críticas a las sociedades islámicas de la siria nacionalizada estadounidense Wafa Sultán.
Es verdad que quizás algunos de nuestros vecinos musulmanes proceden de sociedades donde no se respetan fielmente los derechos humanos. La propia sharia es muy difícilmente compatible con la legislación de la mayoría de países occidentales. Sin embargo, la sharia no es la interpretación única del Islam, como -contrariamente a lo que creen algunos musulmanes- la Inquisición o las cruzadas no representan a todo el catolicismo. La integración mutua puede ser una oportunidad para que en Europa pueda desarrollarse un Islam moderno, y sólido, que no sea de ningún modo incompatible con los derechos humanos. Un Islam que además podría llegar a influir en la mejora de derechos de algunas de esas sociedades de origen.
El iPad de Apple ha salido hoy a la venta en EEUU. Editores de libros y periódicos esperan que el aparato suponga para el texto lo que iTunes ha sido para la música. Pero para conseguirlo, Steve Jobs tendrá que saber compensar (con márketing, diseño o tecnología) las carencias que el aparato tiene. Según RFI, el iPad “no es multitareas, es decir, no soporta la operación simultánea en varios programas a la vez, por lo que no sirve para escuchar música on line mientras se escribe un documento, por ejemplo. Tampoco tiene cámara, no puede exportar videos en HD y las aplicaciones sólo se podrán bajar del sitio Apple Store”. En Applesfera han hecho un resumen de varios análisis.
Leyendo hoy El País, descubro que los basureros de la localidad de Avilés están recogiendo más televisores que nunca por el apagón de la televisión analógica. No me sorprende. Desde el apagón de Barcelona, he encontrado no pocos televisores abandonados en los contenedores del barrio. Me pregunto si es por ignorancia, porque quizás mis vecinos no sepan que se venden sintonizadores de TDT por separado, y que cuestan pocos euros. O si es por un desliz consumista, y el apagón se utiliza –irracionalmente- como excusa para comprar algo nuevo, aunque sea innecesario además de caro.
Comprar un televisor por el apagón es como cambiar de coche porque se estropea la radio. El sintonizador es sólo una parte del televisor, y no la más importante. Por pocos euros, 20 o 30, se puede comprar por separado un sintonizador para el televisor. Por este precio incluso se pueden encontrar algunos capaces de grabar en tarjetas de memoria (como las de la cámara de fotos). Después, el aparato se conecta al televisor mediante un euroconector o cable de antena, tal y como se ha hecho siempre con los reproductores de vídeo VHS, DVD, videoconsolas, etc. No entraña gran dificultad, no es nada caro y se puede encontrar en multitud de tiendas (informática, electrodomésticos, grandes superficies, etc.).
En ese mismo artículo de El País, un hombre se quejaba apenado de que ya no podría utilizar su televisor con antena de cuernos. Lástima que el diario no aprovechara la oportunidad para aclarar que la TDT sí funciona con una antena de cuernos. Lo más fácil es configurar el aparato TDT (buscar los canales) conectado a un televisor que pueda utilizar la antena del edificio. Una vez estén todos los canales guardados, se desconecta de la antena del edificio y se pone en el televisor de la antena de cuernos. El cable de esta antena conectado al aparato de TDT. Se enciende el televisor y el receptor de TDT, se sintoniza en algún canal del TDT (aunque no se vea), y se orienta la antena hasta que aparezca la imagen, que será perfecta.
Por último, no está de más recordar que un televisor no sólo sirve para ver Televisión Española o Telecinco. También se puede utilizar para ver películas propias, conectar un receptor de satélite, etc. Por ejemplo, gracias al televisor de un vecino anónimo que encontré al lado del contenedor, ahora ya puedo ver dvds en mi habitación. Es un buen momento para el reciclaje.